Cómo tratar el dolor articular en nuestras mascotas

Gracias a la medicina y a los hábitos de vida saludables, la esperanza de vida de nuestras mascotas ha aumentado mucho en las últimas décadas. Sin embargo, con la tercera edad llegan también los achaques para nuestros compañeros peludos.

La artrosis y los problemas articulares son dos de las dolencias más frecuentes en las mascotas domésticas de avanzada edad.

Las articulaciones de los animales, al igual que las nuestras, sufren el desgaste propio del uso. Una vida activa es sinónimo de una vida sana, pero también de un mayor desgaste articular.

Dedicar una especial atención y cuidado a las articulaciones de nuestra mascota nos ayudará a anticiparnos a la enfermedad y paliar, en la medida de lo posible, el dolor que le produzca.

La artrosis es una de las enfermedades articulares más comunes, pero no es la única. Inflamación de tendones, rigidez articular, artritis reumatoide, daños en los cartílagos… Existen multitud de dolencias que pueden afectar a los llamados tejidos blandos del cuerpo, siendo la artrosis la más común.

De carácter degenerativo, puede ser hereditaria. Esta enfermedad se caracteriza por la destrucción progresiva del cartílago y por la proliferación ósea anormal en el borde de las superficies articulares (osteofitos). Es decir, la amortiguación natural del cuerpo se destruye dejando expuestos los huesos, que rozan y friccionan entre sí provocando dolor constante y rigidez.

La artrosis se presenta tanto generalizada, es decir, afectando a todas las articulaciones del cuerpo, o localizada en una determinada articulación, habitualmente en las articulaciones altas (cadera y rodillas, hombros y codos).

Más del 50% de los casos se dan en perros entre 8 y 13 años, y en gatos mayores de 12 el porcentaje asciende al 90%.

Además, los perros grandes son más propensos a padecer esta enfermedad. El 45% del total de perros afectados son perros grandes, y de ese porcentaje, más de la mitad son gigantes; el 28% son perros medianos y el 27% perros pequeños.

Algunas razas son más propensas a padecer enfermedades articulares. En gatos, los maine coon suelen padecer displasia de cadera, los albinios luxación de rótula, los scottish fold artrosis general, y los burmeses artrosis en los codos.

En perros, es conocida la tendencia de los pastores alemanes a sufrir displasia como consecuencia de la cría indiscriminada de esta raza. Otras razas grandes como los labradores, los rottweiler o los gran daneses también tienen cierta predisposición a padecerla.

Los síntomas son más o menos importantes y dolorosos en función del número de articulaciones afectadas. Si los osteofitos están en la columna vertebral se les conoce con el nombre de “picos de loro”.

Al igual que en las personas, los síntomas se agravan con el frío y la humedad, por eso el invierno es una época especialmente complicada para nuestros abueletes peludos.

Podemos distinguir dos tipos de artrosis que afectan a nuestros animales domésticos.

Por un lado la conocida como artrosis degenerativa, producida por la edad y debida al envejecimiento natural de las articulaciones. Es un desgaste progresivo e inevitable de los cartílagos.

Por otro tenemos la producida por algún factor externo como un traumatismo, obesidad o una malformación de nacimiento como la displasia de cadera. Este tipo de artrosis puede afectar a animales de todas las edades y con frecuencia se localiza en una sola articulación por ser la que ha sufrido más desgaste.

¿CÓMO DETECTAR LOS PRIMEROS SÍNTOMAS?

 

El primer paso para detectar cualquier problema en la salud de nuestro perro o gato es siempre observarlo. ¿Qué hace normalmente? ¿Ha cambiado su comportamiento recientemente?

Recuerda que los animales están programados biológicamente para no mostrar vulnerabilidad, así que tendrás que estar muy atento.

Un cambio en las costumbres de nuestra mascota suele ser una señal de aviso de que algo pasa. Apreciar estos cambios cuanto antes es importante porque el tratamiento suele ser más efectivo en etapas tempranas de la enfermedad.

Los síntomas más comunes que nos permitirán detectar indicios de la enfermedad en nuestras mascotas son:

  • La cojera o debilidad articular: nuestro amigo peludo, normalmente tan alegre y saltarín, empieza a tener dificultades para andar, subir o bajar escaleras, y saltar. Suele ser más evidente cuando el animal está “en frío”, por ejemplo por la mañana o cuando se levanta después de haber estado quieto durante un tiempo.
  • Pequeños quejidos o gruñidos al hacer ciertos movimientos. Esto puede ser más evidente en los machos al levantar la pata durante los paseos.

La artrosis evoluciona y el dolor aumenta. En casos avanzados, es posible que la articulación quede bloqueada. La falta de actividad provoca un deterioro de la musculatura, lo que hace que se atrofie y resulte cada vez más complicada su utilización.

La detección en perros resulta más sencilla que en gatos debido al fuerte instinto de supervivencia de estos últimos.

Los gatos no suelen manifestar signos externos de dolor. Al contrario, intentarán disimularlo exhibiendo un comportamiento pasivo y limitando su actividad física para reducir el uso de la articulación dañada.

Los gatos presentarán movilidad reducida, cambios en los hábitos para dormir como trasladar su cama a un lugar más accesible, problemas para entrar y usar el cajón de arena y reducción de su actividad natural, además de cojera o andar envarado o estirado.

Los cambios en sus hábitos de higiene también son importantes, presentando pelaje con nudos y mal aspecto (por la dificultad de acceso a determinadas zonas) y/o exceso de acicalamiento sobre articulaciones doloridas.

Si somos poco observadores quizás los cambios que más nos llamen la atención sean los del carácter. Si nuestra mascota de repente se muestra arisca y es reacia a ser manejada por su amo, si de repente evita jugar con niños o con otras mascotas, o incluso se queja al ser acariciada, podemos estar ante el indicio de problemas de salud.

El dolor puede volver irascible a nuestro perro o gato, e incluso provocar comportamientos agresivos cuando se manipula la extremidad afectada, así que ten cuidado y paciencia.

CÓMO TRATAR LA ARTROSIS

Una vez detectados los primeros síntomas de que algo no va bien con nuestra mascota, es recomendable acudir al veterinario para un examen profesional y descartar que no existan otras enfermedades.

El tratamiento dependerá del diagnóstico veterinario, que determinará en qué fase se encuentra la enfermedad y su gravedad.

Por lo general consistirá en medicamentos antiinflamatorios para paliar el dolor y complementos minerales, vitamínicos o de colágeno que eviten el desgaste del cartílago, aunque esto será sólo aplicable en fases tempranas.

Los tratamientos contra la artrosis se centran en eliminar el dolor y la inflamación.

PREVENCIÓN

Existen algunas pautas que puedes seguir para retrasar o ralentizar el deterioro de las articulaciones de tu mascota.

Procura que haga ejercicio regular, pero sin sobreesfuerzo. Una musculatura fuerte ayudará al esqueleto a soportar el peso de mejor forma.

Si tu perro o gato tiene problemas de obesidad, ¡no lo dejes más! Un buen programa nutricional permitirá a tu mascota bajar de peso y liberar de carga extra sus articulaciones.

Además, también existen tratamientos preventivos sin receta médica que se basan en suplementos de compuestos clave para la conservación del cartílago, como ácidos grasos omega y ácido hialurónico, que combinados con glicosaminoglicanos como el sulfato de heparina, el sulfato de heparano y el dermatín sulfato, ayudan a la regeneración del tejido blando.

La perna canaliculus, también conocida como extracto de mejillón de labio verde de Nueva Zelanza, es rica en estos compuestos que estabilizan y regeneran el tejido conectivo y conjuntivo de ligamentos, tendones, cartílagos y discos intervertebrales.

También es posible reforzar los tejidos blandos durante el crecimiento del cachorro con este tipo de compuestos para los tejidos blandos a partir de la sexta semana de vida. Así, nuestro compañero crecerá sano y fuerte, postergando la aparición de enfermedades osteoarticulares en la última etapa.

Al fin y al cabo, después de toda una vida con nosotros, es nuestro deber asegurarnos de que estos abueletes de cuatro patas tengan una vejez tranquila y sin dolores innecesarios.

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